PARA SER MIGUELEÑO
Para ser Migueleño,
hay que sentir la magia del carnaval
y la sangre caliente del Chaparrastique,
aquietada en el paisaje del tiempo.
Para ser Migueleño,
hay que bordar hamacas de henequén
en el propio corazón del viento,
y tejer en los campos la esperanza
cultivando el algodón o un sueño.
Para ser Migueleño,
hay que fanatizarse en el vúelo majestuoso
de un águila indomable,
mientras viejos garrobos de leyenda,
adorando el rey sol,
transforman la memoria de las piedras,
en las playas del Cuco,
y sentir su arena
es una piel extensa de belleza donde la paz,
que es Virgen y Patrona,
sea dueña de los aires y el silencio.
Para ser Migueleño,
no hay que olvidar jamás el canto de los buenos,
de los incomparables luchadores,
de los que forjan con amor el progreso,
para que siga siendo nuestro el privilegio hermoso
de ser Salvadoreño!